Hay experiencias con una intensidad tal que terminan siendo determinantes el resto de nuestras vidas. Hechos que marcan nuestra actitud, desamores, traumas, alegrias tambien. Es lugar común la idea de que nuestras abuelas llenaban la mesa de comida y una vez que estabas "a reventar" siempre te miraba diciendo "no dejarás eso ahí", sometiendote al amoroso chantaje emocional por el que terminabas comiendo el doble de volumen de tu capacidad estomacal. Y la explicación paterna a esa actuación es la misma siempre, "es que pasaron mucha hambre en la postguerra". Pues a esto me refiero, si has vivido el hambre, el dia que tienes comida lo valoras y se convierte en obsesión que aquellos que quieres no lo sufran nunca.
Nosotros hambre como en los 40 no pasamos, pero vivimos una crisis económica, política, institucional y moral que nos tiene amargados, sorprendidos, indignados, iracundos, en definitiva y en román paladino: hasta la polla. El descontento con la violación sistemática de nuestros derechos y el abandono de sus deberes por parte de la, tan bien denominada, clase política nos está haciendo despertar en medio de la pesadilla que han diseñado para nuestra desesperación.
Por todo esto debemos interiorizar el descontento para el día de mañana, cuando seamos los abuelos del mundo, nuestros nietos salgan de nuestras casas con el doble de consciencia y criterio que su cerebro pueda asimilar. Porque hay experiencias que pasan a formar parte de nosotros, y estoy seguro que ninguno de nosotros quiere ver a sus nietos ninguneados por sus gobernantes, estafados por sus gestores y engañados por sus "medios informativos".
Ya ha ocurrido, ya lo tenemos dentro, y no se lo deseamos a nadie más.
Nosotros hambre como en los 40 no pasamos, pero vivimos una crisis económica, política, institucional y moral que nos tiene amargados, sorprendidos, indignados, iracundos, en definitiva y en román paladino: hasta la polla. El descontento con la violación sistemática de nuestros derechos y el abandono de sus deberes por parte de la, tan bien denominada, clase política nos está haciendo despertar en medio de la pesadilla que han diseñado para nuestra desesperación.
Por todo esto debemos interiorizar el descontento para el día de mañana, cuando seamos los abuelos del mundo, nuestros nietos salgan de nuestras casas con el doble de consciencia y criterio que su cerebro pueda asimilar. Porque hay experiencias que pasan a formar parte de nosotros, y estoy seguro que ninguno de nosotros quiere ver a sus nietos ninguneados por sus gobernantes, estafados por sus gestores y engañados por sus "medios informativos".
Ya ha ocurrido, ya lo tenemos dentro, y no se lo deseamos a nadie más.